El otro día conversaba con mi lobito sobre la naturaleza de nuestro ser, que según la Biblia, se resume en que “somos hechos a la imagen y semejanza de Dios”. Somos ese amor perfecto e incondicional que es él.

Entonces recordando la famosa frase “errar es humano” le planteé, si como humanos cometemos errores y somos hechos a la semejanza de Dios, entonces ¿Dios comete errores?

Luego de reflexionar al respecto encontramos la respuesta.

Dios es perfecto. Aquello que conocemos como error es algo que la “sociedad” nos ha enseñado a categorizar como “error” o “fracaso”.

Por ejemplo, cuando un bebé está aprendiendo a caminar y se cae, jamás el niño concibe que si se cae ha fracasado. Y los padres lo animan a seguir intentando.

Lo que se conoce como “error” o “fracaso” es simplemente una parte del proceso de aprendizaje.

Si por miedo a “errar” o “fracasar” no lo intentamos, somo como un niño que luego de la primera caída, no se levanta más y se queda gateando de por vida.

Pero, nuestra naturaleza que es divina, y está muy vivaz en el niño, le dice “levántate, camina!” Entonces el niño camina y es más ¡aprende a correr!

Me pareció fascinante este descubrimiento, nunca nos equivocamos, nunca erramos, siempre estamos en el proceso de aprender.

Y claro, a veces pasa que ya sabiendo algunas cosas, las olvidamos, no importa, sólo debemos recordar que el proceso de aprender es continuo y se renueva todo el tiempo para que la vida siga siendo entretenida.

Luego viene la segunda parte, al no existir el error, ni nuestro ni de nadie, entonces el profesor Jirafales tenía razón, “la única vez que me equivoqué fue cuando pensé que estaba equivocado”.

Entonces si nadie se equivoca, no hay nada que juzgar, no hay nadie a quien culpar, ni error que perdonar. Solo nos queda, AMAR.

Amar como lo hace Dios, sin condiciones.

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